Esta ventana no pretende más que ser un desahogo para quién escribe, a veces no se tiene la oportunidad de externar lo que se guarda en el pecho, el caos diario acumula mariposas de emociones que aletean desbocadas buscando salida y - al menos en mi caso- las letras son un gran punto de fuga...
Hace casi 6 años que estamos en este caminar plagado de incertidumbre, donde los días son un vaiven entre citas médicas, terapias, preguntas sin respuesta, laboratorios, tomas de sangre, estudios y más estudios para pasar de un diagnóstico "supuesto" a otro que no termina de "aclararse"...
Y es entre toda esa incertidumbre que uno se redescubre, se reinventa, para dar paso a un ser humano casi invensible" que no entiende de negativas y comienza a buscar un "como si"... y los días se pasan entendiendo que cada obstáculo es una oportunidad de inventar una nueva solución, un maratón donde el único propósito es llegar a la meta, esa en la que ese pequeño ser por el que hoy sudamos, logre vivir feliz y funcional dentro de un mundo que - de sobra sabemos- se la pondrá dificil.
Aceptamos que ser madre de un niño con necesidades especiales, nos obliga a ser también madres "especiales"...
Y lloramos.
Lloramos no por la discacidad de nuestro hijo, sino por todo lo que esa discapacidad conlleva, por el camino difícil, por la discriminación, por la falta de empatía...
Lloramos por los procedimientos médicos a los que se deben someter nuestros pequeños, por cada aguja que atraviesa su piel y nos rompe el corazón...
Lloramos de impotencia ante las crisis de conducta o por los eternos silencios, cuando no podemos escuchar esa vocecita que nos diga cuando algo le duele...
Lloramos por la lucha constante, en la calle y dentro de la misma familia a veces...
Lloramos cuando pensamos en un futuro donde no estemos para ese niño...
Lloramos por el sentir de ese pequeño... sentir que, para bien o para mal, solo entendemos quienes tenemos un hijo especial...
Lloramos porque, es justo donde todo parece caos, que el ligero roce de unos dedos entre los nuestros se vuelve nuestro cable a tierra... ese roce que nos viene a recordar que hasta el dolor tiene otra cara, que nada es casualidad, que ahí está nuestro
milagro, la sal de nuestra vida, nuestro sueño, nuestro regalo de Dios, nuestra fortaleza...
Salmos 139:13-16
13 Tú creaste mis entrañas;
me formaste en el vientre de mi madre.
14 ¡Te alabo porque soy una creación admirable!
¡Tus obras son maravillosas
y esto lo sé muy bien!
15 Mis huesos no te fueron desconocidos
cuando en lo más recóndito era yo formado,
cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido.
16 Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación:
todo estaba ya escrito en tu libro;
todos mis días se estaban diseñando,
aunque no existía uno solo de ellos.